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viernes 19 de junio de 2009

Belgrano- Primer Economista Argentino

ICE INSTITUTO DE
CAPACITACIÓN ECONÓMICA
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En momentos en que carecemos de modo eficaz de la necesaria orientación propia como país independiente en materia de economía nacional, el ICE sostiene que el mejor homenaje que se puede rendir a nuestro prócer Don MANUEL BELGRANO, no consiste en repetir de modo rutinario que fue el creador de la bandera, sino el que los intelectuales, dirigentes y el pueblo todo conozca de modo vivo su pensamiento revolucionario. Debe recordarse que BELGRANO fue nuestro primer economista y como tal sostuvo las teorías que hoy reclama la prosperidad del pueblo argentino, por completo contrarias a las que se aplican en la actualidad para empobrecimiento del pueblo argentino.

Con ese fin hemos hecho un resumen del importante prólogo del Dr. Gregoratti al libro "MANUEL BELGRANO. TRADUCCIONES".

Héctor Raúl Sandler/Director/ICE

Manuel Belgrano, primer economista argentino
Introductor de la idea fisiocrática en el Río de la Plata

Luego de más de un siglo de intervencionismo estatal, hecho acaecido a partir del momento en que Juan Bautista Colbert impusiese sus ideas mercantilistas en el Reino de Francia, luego extendidas por toda Europa -- tomando las más diversas modalidades -- surge como réplica una nueva idea económica en la tierra: la Fisiocracia. Fue su genial inspirador, Francois Quesnay, quien, siendo médico cirujano de guerra, encontraba una similitud entre la libre circulación de la sangre en el cuerpo humano con la libertad de circulación de los granos o sea la riqueza agrícola en el reino.

Debemos recordar que, como lamentablemente lo hemos vivido no sólo en nuestro país sino en toda América Latina y gran parte del mundo, bajo la teoría mercantilista era el Estado protector y paternalista quien tomaría la decisión de conducir la economía. Es así como en aquellos lejanos años del siglo XVII y XVIII, con toda su carga de monopolios estatales o para-estatales, esta teoría se desarrolló tanto en Francia, como en Inglaterra y en España, donde creándose todo un férreo control estatista sólo se consiguió, como sucedió en el Río de la Plata, incrementar el contrabando exageradamente. Por ello, ya en la segunda mitad del siglo XVIII y luego con la Independencia de los EE. UU., en ese famoso año 1776, surgen ideas económicas realmente innovadoras.

Allí encontramos la fuente de la fisiocracia, donde la tierra y sólo la tierra, aquel primer factor de producción, era la base de la riqueza. Cuando realiza las traducciones, sólo tenía 24 años de edad, reconoce que en el momento de la Revolución Francesa, 1789 (19 años), se encontraba en España comenzando allí a percibir con mayor amplitud todas las ideas fisiocráticas.

Para BELGRANO el "valor de cada Estado no depende del valor del Tesoro Público, sino de la cantidad de fanegas de tierra bien cultivadas que tenga … "

Al traducir sobre la importancia de la moneda dice: " … La moneda por sí misma, no es riqueza pero es una prenda intermedia y una verdadera letra de cambio al portador que debe pagarse en cambio de frutos de la Agricultura o de las obras de la industria. Si estos frutos o estas obras faltan o no alcanzan, habrá pobreza con mucho dinero; si son abundantes, habrá riqueza con poco dinero: así pues, una nación es pobre con una cantidad inmensa de metales, entre tanto que otra florece sin otros recursos de prosperidad que su agricultura; y no obstante no hace mucho tiempo se creía que las minas enriquecían los estados que las poseían … "

Como todo genio, se adelantó a su tiempo y fue por ello que pudo llegar a tener tan firme amistad con hombres tan avanzados como lo eran Mariano Moreno en la política y San Martín, el gran estratega militar, que no sólo lo respetaban y admiraban sino que se nutrían de sus sabios consejos.

Como buen economista Belgrano no sólo se dedicó a los aspectos teóricos y técnicos sino que también incursionó en el área de finanzas públicas y también como visionario en un aspecto fundamental del concepto Estado cuando traduce " … el derecho que tiene el soberano de percibir impuestos está fundado sobre la protección que debe a sus súbditos, sobre la obligación que tiene de ser garante de las personas y propiedades … "

También evoluciona en el ámbito de Derecho Político Internacional cuando, refiriéndose a la relación que se debe guardar con los países vecinos, traduce " … la ciencia económica enseña también, que la prosperidad de los estados vecinos, contribuye a la del Estado que se gobierna. porque la prosperidad multiplica a los hombres y a los consumidores y la agricultura no florece sino por el gran consumo".

Qué necesario sería que los legisladores, hombres públicos y políticos de hoy leyeran este fantástico ideario belgraniano para poder llevar a cabo la tan trascendente transformación que nos lleve a tener un balance comercial favorable y, como lo fue en otras épocas, un balance de pagos también favorable.

La teoría fisiocrática había calado hondo en nuestro primer economista y todo lo antedicho aporta elementos que confirman que Belgrano fue un excelente defensor de la misma y que además abrazaba esta escuela.

Hoy, luego de más de un siglo y medio, nos sentimos orgullosos de haber abrazado la misma profesión de quien fuese su Fundador y, al reconocerle su paternidad en nuestro país, nos exigimos en la excelencia profesional que deseó el gran maestro a quien hoy rendimos este humilde homenaje.

(Texto abreviado de la introducción del. Dr. Horacio David Gregoratti al libro Manuel Belgrano, TRADUCCIONES, editado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital, 1992)

jueves 19 de junio de 2008

CONCEPTOS ECONOMICOS EN LOS ESCRITOS DE

CONCEPTOS ECONOMICOS EN LOS ESCRITOS DE
MANUEL BELGRANO

Lic. ROBERTO VARO
Profesor Titular Historia Económica I
Lic. LUIS A. CORIA
Profesor Adjunto Historia Económica I

El propósito de este trabajo es analizar los escritos económicos de Manuel
Belgrano con el objeto de extraer los aspectos teóricos que los mismos contienen; ello con la
finalidad última de ubicar el pensamiento del autor, relacionarla con otros pensadores, y
verificar si contiene algún aporte que deba ser señalado.
Belgrano se formó filosófica y económicamente dentro del movimiento intelectual
racionalista y liberal que caracterizó al siglo XVIII. Sus maestros fueron principalmente Adam
Smith y Francisco Quesnay, cuyas principales obras económicas marcaron en forma
indeleble el pensamiento del prócer. Debe reconocerse, además, la no menos interesante
influencia de autores no tan liberales y con alguna reminiscencia mercantilista como fueron
Ferdinando Galiani y Antonio Genovesi. Estos autores, le proporcionaron un punto de vista
relativamente ecléctico entre la abstracción y generalización smithiana y el pragmatismo
mercantilista absoluto. También pasaron por sus manos dos obras de Condillac: Lógica y
Ensayo Sobre el Origen del Conocimiento Humano.
Transmitió sus ideas económicas a través de tres instrumentos diferentes: a) Dos
traducciones efectuadas en 1794 y 1796; b) Las Memorias que debía leer anualmente ante
los miembros del Real Consulado de Buenos Aires, del cual fue su Secretario; y c) Diversos
artículos publicados en el semanario Correo de Comercio.
Con respecto a las traducciones, la primera fue las “Máximas Generales del
Gobierno Económico de un Reyno Agricultor”, de Quesnay (1794), mientras que la segunda
(1796), “Principios de la Ciencia Económica Política”, cuya portada dice ser una traducción
del francés, contiene dos trabajos: uno del Margrave de Baden, Carlos Federico, y el otro de
un tal Conde C***. La autoría original de este último no está debidamente aclarada.(1)
Las Memorias eran más bien discursos doctrinarios y consejos prácticos con las que
el Secretario del Consulado de Buenos Aires, debía abrir anualmente las sesiones del
cuerpo. De los 16 años que duró la secretaría de Belgrano se leyeron sólo 13 memorias,
faltando las de 1794, 1796 y 1801 (2). Estas memorias contienen lo más importante del
pensamiento auténtico de Belgarno.
2
Con respecto al Correo de Comercio, periódico que además dirigió el prócer,
existe una controversia acerca de la autenticidad de los artículos en el sentido de que los allí
publicados pertenezcan o no a la pluma original de Belgrano. Groussac (3), por ejemplo,
sostiene que sólo perteneció auténticamente a Belgrano el artículo aparecido el 19 de mayo
de 1810 con el título “Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de
las naciones”, pudiéndose afirmar, además que sólo le pertenecieron los anteriores al 25 de
mayo.
En cambio Gondra(4), sostiene que pertenecen a Belgrano los
artículos aparecidos “hasta en los números que se publicaron a principios de setiembre de
1810”, época en que debió hacerse cargo de la expedición al Paraguay, aunque admite
luego que podría extenderse hasta el Nro. 32 del 6 de octubre de 1810. El Correo de
Comercio, dice este autor “es la simple continuación y desarrollo de las ideas económicas
bosquejadas en las memorias consulares de Belgrano, y forman con éstas un conjunto
doctrinario coherente y sistemático”.(5)
La mención de esta controversia se hace a propósito de algunos aspectos
ciertamente contradictorios en el pensamiento del prócer, y de los que se hará referencia
más adelante.
Lo cierto es que lo esencial de Belgrano en materia de ideas económicas surge
de la complementación del contenido de las memorias, particularmente las tres primeras y
algunos artículos publicados en el Correo de Comercio.
ALGUNOS ASPECTOS TEÓRICO-CONCEPTUALES
1. Conceptos sobre valor
Dos aspectos, al menos, pueden destacarse con relación al valor: el concepto por
un lado y relación de valores entre factor y producto por otro. Con respecto al primero,
Belgrano, a pesar de haberse formado en la escuela liberal smithiana, no establece la
diferencia entre valor de uso y valor de cambio que caracteriza a la escuela clásica inglesa,
cuyo erróneo tratamiento conceptual le reporta a esta corriente cargar con la responsabilidad
de una muy larga y no menos dura discusión doctrinaria. Aquel apunta más bien sólo al valor
de cambio, es decir, al precio. Es justamente en este terreno en el cual Belgrano tiene
conceptos muy claros y precisos sobre la determinación del precio, tan claros y precisos que
evidencian una superioridad con respecto a Galiani y al mismo Smith. Su razonamiento es
impecable estableciendo una combinación entre elementos subjetivos y objetivos en la
formación del precio de las cosas, es decir, hace intervenir a los elementos oferta y
demanda. Dice en uno de los artículos del Correo de Comercio, N° 27 del 1/9/1810: “Ninguna
cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar;
y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella; a los medios de satisfacer
esta inclinación; a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia; ...”(6)
Como se puede observar, establece una estupenda combinación entre el valor de
uso y el valor de cambio, cosa que no supieron hacer los clásicos quienes al no poder
3
encontrar la conexión entre ambos conceptos sólo consiguen retardar el progreso de la
ciencia en este aspecto, debiendo esperarse más de un siglo hasta que apareciera Marshall
y planteara gráfica y conceptualmente el ejemplo de las dos hojas de una tijera. También
superó a Galiani porque éste, en Della Monetta (1751), al abordar el problema que planteaba
la paradoja del valor, desarrolla un enfoque correcto al decir primeramente que el valor de
cambio está determinado por la utilidad y la escasez, pero luego tiene un remate fallido,
abandonando esta explicación y afirmando que el valor en realidad, se fundamenta en la
cantidad de trabajo.
Belgrano supera en este aspecto a Galiani y Smith; está muy cerca, sin embargo, de
Condillac quien en su teoría del valor sostuvo que éste dependía de la utilidad, como fuente
del valor, y de la escasez que le proporcionaba dimensión o magnitud. Pero, no hay
evidencias de que Belgrano hubiera conocido la obra económica de Condillac “El Comercio y
el gobierno considerado en sus relaciones recíprocas” (1776); más bien podría afirmarse que
nunca la conoció: primero, porque en ningún lugar la cita; segundo, porque el prócer comete
un error conceptual que el francés había dilucidado muy claramente, cual es, el de la no
equivalencia de los valores intercambiados.
En cuanto al segundo aspecto, el que se refiere a la relación en la determinación del
valor o del precio del bien final y de los factores, Belgrano no lo ha desarrollado
expresamente, pero tiene algunos pasajes en sus escritos que demuestran que tenía una
idea muy clara de la dirección de influencia de los respectivos valores o precios. En la tercera
Memoria, cuando trata el tema de la interdependencia entre la agricultura y comercio, dice:
“... apenas el hombre se dedica a cultivar la tierra, cuando ésta le presenta abundantes
cosechas, pero si tuviesen valor, recompensarían su trabajo con exorbitantes ganancias;
pero este valor no es posible lo tengan mientras no haya consumidores, o se supla su
falta”.(7)
En el mismo documento, unos párrafos anteriores, escribió: “La agricultura sólo
florece con el gran consumo, y éste, ¿cómo lo habrá en un país aislado y sin comercio, aun
cuando se pudiese encontrar en el mundo como el que yo he propuesto? Así es, que los
economistas claman por el comercio, que se atraigan a los extranjeros a los puertos de la
nación agricultora, pues la prosperidad de aquellos deba contribuir a la de ésta; con ella se
multiplican los hombres y, por consiguiente, los consumidores; éstas dan más valor a las
tierras, y aumentan el número de los hombres que trabajan; ...”(8)
Estos conceptos de Belgrano conducen a por los menos tres conclusiones acerca
de la profundidad de su pensamiento en materia económica: En primer lugar, la muy clara y
definida expresión del papel de la demanda en la formación del precio, lo cual ya fue
comentado en el punto anterior; en segundo lugar, lo expresado por el autor denuncia una
concepción del fenómeno productividad más preciso y acertado que muchos otros que
habían cobrado fama por aquellos tiempos; esto será comentado en el punto siguiente.
Finalmente denuncian una idea también muy precisa de cómo y porqué el valor del producto
determina el valor económico del factor. Esto último es importante para la época en que se
escribió, y para Belgrano, en la historia del pensamiento económico, porque los clásicos, con
Adam Smith a la cabeza, habían sostenido lo contrario, es decir, que el valor de los factores
(trabajo o costo de producción) era el que determinaba el valor del bien final (recuérdese el
4
ejemplo del ciervo y del castor). Recién en la década de 1870, una de las características de
la Revolución Marginalista, más precisamente la vertiente austríaca, viene con Menger a “dar
vuelta” el argumento clásico en la dirección de influencia de los valores. Belgrano lo tenía
perfectamente claro ya en 1798.
2. Productividad
Uno de los aspectos en que Manuel Belgrano evidencia la influencia fisiocrática es
el que se refiere a la agricultura y el papel que ésta desempeña en el campo económico.
Este rasgo agrícola traducido en una verdadera exaltación de la actividad, está en lo
principal de su obra escrita. Se citan a continuación sólo algunos párrafos de la primera
Memoria: La agricultura “es la madre fecunda que proporciona todas las materias primeras
que dan movimiento a las artes y al comercio”(9). Más adelante agrega, enfocando la
actividad desde un punto de vista ético, lo cual denuncia una influencia roussoniana ejercida
a través de la fisiocracia: “La agricultura es el verdadero destino del hombre. En el principio
de todos los pueblos del mundo, cada individuo cultivaba una porción de tierra, y aquellos
han sido poderosos, sanos, ricos sabios y felices, mientras conservaron la noble simplicidad
de costumbre que procede de una vida siempre ocupada, que en verdad preserva de todos
los vicios y males” (10). Dice luego, “... es sin contradicción el primer arte, el más útil, más
extensivo y más esencial de todas las artes” (11). Agrega: “... si la riqueza de todos los
hombres tiene origen en la de los hombres del campo, y si el aumento general de los bienes
de la tierra hace a todos más ricos, es de interés del que quiere proporcionar la felicidad del
país, que los misterios que lo facilitan se manifiesten a todas las gentes ocupadas en el
cultivo de las tierras y que el defecto de la ignorancia tan fácil de corregir, no impida el
adelantamiento de la riqueza” (12). Unos párrafos antes escribió: La tierra es la “madre
fecunda”, mientras que la agricultura “es la única fuente absoluta e independiente de las
riquezas”.(13)
Separando los aspectos éticos contenidos en los conceptos precedentes, puede
advertirse claramente la influencia fisiocrática en algo que es esencial para la escuela de
Quesnay: la idea de que la tierra, y por ende la actividad agrícola, genera excedentes, es
decir, producto neto.
Pero, en realidad, si se continúa con el análisis de los escritos de Belgrano, se
puede advertir que tal idea de productividad, que los fisiócratas habían reducido a la
agricultura, es bastante más amplia en el prócer. El mismo entusiasmo y convicción que
pone para defender a la actividad del campo, lo pone también para auspiciar la artesanía
(industria) y el comercio, asignándole a estas actividades una importancia equivalente a la
primera. “Fomentar la agricultura, animar la industria y proteger al comercio” es el título de la
primera Memoria. Estas expresiones, que proceden de Compomanes en una publicación de
1774(14), sintetizan la idea central de Belgrano. “... Los ramos de agricultura, industria y
comercio ... son las tres fuentes universales de la riqueza ...”(15)
5
El comercio resultaba de importancia vital para la agricultura. Sostuvo que el
valor de la producción agrícola crece cuando se han removido los obstáculos al comercio.
Esos obstáculos consistían en: a) la ignorancia del pueblo; de ahí su insistencia en crear
escuelas públicas donde se enseñara matemáticas, castellano, latín, dibujo y las cuestiones
prácticas inherentes a la actividad agrícola, mercantil y a la navegación, b) la falta de
comunicaciones adecuadas, tanto internas como externas, bregando permanentemente por
la construcción de caminos, puentes, muelles, canales, etc.; c) la falta de libertad para
comerciar.
¿Cuál es el punto al que se quiere arribar con estas consideraciones? A la
afirmación de que el concepto de productividad de Belgrano es sustancialmente diferente del
de los fisiócratas; ello a pesar de la paternidad intelectual de Quesnay sobre el prócer. Y no
sólo es diferente sino que es más preciso y económicamente correcto. Más aún, se puede
afirmar que el concepto de productividad de Belgrano supera incluso al mismo Adam Smith.
Los fisiócratas tenían un concepto de productividad demasiado restringido: sólo la tierra
genera excedentes, producto neto. Smith avanzó en la dirección correcta, pero no pudo
coronar su análisis exitosamente. Consideró que la industria y el comercio también eran
productivas, pero dejaba fuera a los servicios. El hecho de excluir del concepto de
productividad a alguna que otra actividad económica, no importa cual fuere, significa que no
tenía muy clara la idea acerca de la naturaleza del fenómeno. Para Quesnay y sus discípulos
el concepto era un fenómeno físico, material, propio de la ingeniería o de la técnica, mientras
que Belgrano, mucho más cerca de Condillac, intuía un fenómeno relacionado con los
valores económicos. Producir es crear valor económico. Esto significaba ampliar el número
de actividades o acciones económicas amparados por el concepto de productividad,
ampliación que al mismo tiempo significaba algo muy diferente. Escribió en su tercera
Memoria: “Los productos de las cosechas exceden en los años regulares en mucho al
consumo de los habitantes , con que no buscando en otra parte su venta, serán perjudiciales
a este país y vendrá a suceder la carestía en lugar de la abundancia (como vimos pocos
años ha), por una razón muy obvia, cual es, de que ninguno quiere encontrar pérdidas en
lugar de ganancias; no habiendo consumo, el labrador [que] se halla en este caso,
abandona, por consiguiente , el cultivo, y véase aquí la escasez indispensablemente. Es
pues, precisa la extracción, y ésta toca al comerciante, que por este medio suple la falta de
consumidores, dando valor a todas las producciones, adquiriendo ganancias para sí y
proporcionándolas al labrador”.(16) Asimismo, con respecto a la industria cabe repetir aquí los
conceptos acerca del papel que cumple, ya transcriptos anteriormente, como por ejemplo,
aquél que dice que junto a la agricultura y el comercio “son las tres fuentes universales de la
riqueza”, mientras que una síntesis del pensamiento belgraniano sobre este punto se
encuentra en la dedicatoria a los labradores, artesanos y comerciantes, con que iniciara la
publicación del Correo de Comercio, N° 1 del 3/3/1810: “¡Labradores, que con vuestros
afanes y sudores proporcionáis a la sociedad precisa subsistencia, los frutos de regalo, y las
materias primeras para proveer lo necesario al Estado! ¡Artistas, vosotros que dando una
nueva forma a las producciones de la naturaleza, sabéis acomodarla para los usos diferentes
a que corresponden, y les añadís un nuevo valor con que enriquecéis al Estado, y aumentáis
su prosperidad! ¡Comerciantes que con vuestra actividad agitáis el cambio así interior como
exteriormente, y por vuestro medio se fomenta la agricultura e industria, y el Estado recibe
las utilidades con qué poder atender a sus necesidades y urgencias!”.(17)
6
En el N° 2 del 10/3/1810 escribió que la agricultura y el comercio no podrán
desarrollarse si la industria “no entra a dar valor a las rudas producciones de la una, y
materia y pábulo a la perenne rotación del otro...”(18), mientras que en el N° 28 del 8/9/1810
decía: “Los frutos de la tierra, sin la industria no tendrán valor,...”(19)
¿ Cómo se explica entonces aquella exaltación inicial de la actividad agrícola?
Simplemente por una cuestión de estrategia económica, fundada en las ventajas
comparativas que las condiciones naturales de estas tierras le otorgaban. Escribió en Correo
de Comercio, N° 2 del 10/3/1810: “Ya no queda duda alguna, después que los hombres han
vagado de opinión en opinión, que la agricultura debe ser preferentemente favorecida, y que
hasta que la tierra no se haya poblado completamente de vegetales útiles, y hasta que los
hombres no hayan establecido un método de agricultura y de labor, sostenido y firme no
debe pensarse en darse exclusiva protección a otro ramo alguno,...” Agrega más adelante
“Alguna vez se presenta la naturaleza tan escasa en sus mejores producciones, por la mala
disposición de los terrenos para convertirlos a la útil agricultura, que se hace indispensable
el preferir las artes y el comercio, para no tener en la inacción a sus habitadores, y para crear
un fondo permanente al sostén de la sociedad, pero en este caso, en este sólo caso, es
cuando debe preferirse la industria o el comercio al arte primario de la agricultura”.(20)
Está claro, entonces, para Belgrano que la industria no sólo transforma valores
preexistentes, ni que el comercio se caracteriza sólo por transportarlos, sino que ambas
actividades crean valores. Esto implica no solo una ampliación de las actividades productivas
concebidas por los fisiócratas, sino un concepto sustancialmente diferente; del producto
neto, material, físico, a la creación de valores económicos.
3. Interdependencia
El concepto de productividad implícito en el pensamiento de Belgrano contiene
además el germen de otro concepto que sí desarrolla expresamente; el de la
interdependencia de los sectores económicos; concretamente entre la agricultura, la industria
y el comercio.
No es ésta, desde luego, una idea original del prócer, toda vez que sobre tal
concepto estaba como antecedente inmediato nada menos que la Tabla Económica de
Quesnay y la obra de Smith. Pero no cita a Quesnay en este aspecto, ni mucho menos hace
referencia a Ricardo Cantillón que en realidad había precedido al fisiócrata. Son varios los
pasajes de los documentos belgranianos que abordan expresamente este concepto que se
caracteriza por requerir un grado importante de observación y abstracción analítica. De la
tercera Memoria pueden extraerse los siguientes párrafos: En el comienzo mismo, una cita
del Journal Ecclésiastique de París: Consejos de una anciano abisinio al príncipe Amlac de
Ethiopía: “Las más sabias legislaciones jamás separaron a la Agricultura del Comercio; a
ambas dispensaron igual protección”.
Esta idea de complementación es tan clara que a instancias suyas el Rey de
España, por Real Orden del 31/3/1797 dispuso que el Consulado de Buenos Aires, en
adelante, se componga de hacendados y comerciantes en igualdad de número, porque
7
consideraba que “estas dos clases útiles al Estado, alternen por bienios en los empleos de
prior y síndico, y que se repartan los de cónsules y consiliarios en la forma más conveniente
á evitar toda especie de superioridad”(21). Dice el mismo documento más adelante: “Es tal la
dependencia mutua que tienen entre sí la agricultura y el comercio, que uno sin otro no
pueden florecer”(22). “La agricultura sólo florece con el gran consumo, y éste ¿cómo lo habrá
en un país aislado y sin comercio,...?(23). Pero también el desarrollo del comercio depende de
la expansión de la agricultura: “Porque ¿cuáles serían los objetos de comercio sin la
agricultura? ¿Acaso las manufacturas? Y éstas ¿a quién deben sus materias primeras? ¿No
es la agricultura quien se la suministra? Sí, señores, ella es la matriz de las artes, y del
comercio, y así como un infante sin la leche de la nodriza no puede mantenerse ni caminar
por grados a la edad adulta, así también, ni las artes ni el comercio pueden mantenerse sin
la agricultura, ni llegar al grado de mayor perfección”.(24)
Varios años después escribe en el Correo de Comercio, N° 2 del 10/3/1810: “Ni la
agricultura ni el comercio serían, así en ningún caso, suficiente a establecer la felicidad de un
pueblo si no entrase a su socorro la oficiosa industria; porque ni todos los individuos de un
país son a propósito para desempeñar aquellas dos primeras profesiones, ni ellas pueden
sólidamente establecerse, ni presentar ventajas conocidas, si este ramo vivificador no entra
a dar valor a las rudas producciones de la una, y materia y pábulo a la perenne rotación del
otro: cosas ambas que cuando se hallan regularmente combinadas no dejarán de acarrear
jamás la abundancia y la riqueza al pueblo que las desempeñe felizmente”.(25)
Incluso Belgrano no sólo se limita a señalar la interdependencia de los sectores,
si no que se puede decir que llega a dar un paso más al barruntar la idea de equilibrio
general. Obsérvese el siguiente párrafo, Correo de Comercio N°28 del 8/9/1810, en el que,
reflexionando sobre los principios que sustentan al comercio, dice: “La agricultura y la
industria son su esencia; su unión es tal, que si la una pesa más que la otra, ella viene a
destruirse a sí misma. Los frutos de la tierra sin la industria no tendrán valor, si la agricultura
se descuida los conductos del comercio quedan atajados”.(26)
De Cantillón a Keynes hay casi doscientos años. En ese lapso se pueden citar
Quesnay, Smith, Say, Walras, Marx (modelo de reproducción simple), etc. Entre 1796 y 1810
está Manuel Belgrano, a quien no le fue ajena la idea de la interdependencia de las
diferentes actividades económicas.
4. Dinero
Belgrano expone sus ideas monetarias en varios artículos aparecidos en el Correo
de Comercio. No desarrolla, desde luego, una teoría monetaria pero su pensamiento al
respecto denuncia ciertos conceptos, a veces explícitamente, que merecen algún
comentario. Tales conceptos se refieren a la naturaleza del dinero y a sus funciones.
Contiene, además, la idea implícita del velo monetario, como asimismo la de una teoría
cuantitativa del dinero.
Con respecto a la naturaleza, Belgrano expone sus ideas de forma tal vez no muy
satisfactoria. No obstante no encontrar en sus escritos una definición precisa acerca de qué
8
es el dinero, existen varios pasajes cuyo contenido se inclinaría por ubicarlo en la corriente
metalista, es decir, entre aquellos que consideran al dinero como una mercancía, con valor
intrínseco. Por ejemplo, dice en el Correo de Comercio, N° 1 del 3/3/1810: “Como desde que
se establecieron por signos de convención la plata y el oro han servido como instrumentos
del comercio y como medida del valor”(27). En el N° 2 del 10/3/1810 pregunta: ¿“Es alguna
otra cosa la plata que un signo de convención?”(28). Esta expresión “signo de convención” no
impide la concepción metalista citada, porque se está refiriendo a metales como el oro y la
plata. De manera que no está hablando de lo que hoy podría llamarse “dinero administrado”,
términos éstos que implican un concepto de dinero sustancialmente diferente. Esto es así a
pesar de que Belgrano también hace referencia al uso del papel moneda “que en muchos
casos, siendo bien arreglado, no sólo le servirá del menor inconveniente, sino más bien de
conocidas ventajas”. (Correo de Comercio, N° 2 del 10/3/1810)(29)
Su posición metalista aparece reforzada en artículos publicados en el mismo
periódico. El primero, N° 27 del 1/9/1810: “Convencidos los hombres en que el oro y la plata
fuese el signo de las mercaderías y habiendo después inventando una representación de los
metales, éstos vinieran a ser mercancía. El comercio que se hace de ellos se llama comercio
de dinero o de cambio”(30) . El otro, N° 28 del 8/9/1810, dice: “Los cambios naturales vinieron
a ser en realidad imposibles; se convino en dar a las mercancías un signo común. El oro, la
plata y el cobre fueron elegidos para representarlos”.(31)
Sin embargo, hay una afirmación que en cierto modo hace dudar sobre la supuesta
posición metalista: Dice en el mismo artículo anterior, unos párrafos más abajo: “... los
metales no tienen un valor representantivo, sino porque ellos son recibidos en cambio de las
mercaderías; ...”(32)
En lo que respecta a las funciones se expresa muy definidamente, reconociendo
expresamente dos de ellas: instrumento de intercambio y como unidad de medida de valores.
Escribió en el Correo de Comercio, N° 1 del 31/3/1810, ya citado anteriormente pero que
vale la pena reiterarlo: “Como desde que se establecieron por signos de convención la plata
y el oro han servido como instrumentos del comercio y como medida del valor”.
Precisamente, la función de instrumento de intercambios, tal como fuera
concebida por Belgrano, tiene además una implicancia conceptual importante: la del velo
monetario, fenómeno éste que caracterizó al pensamiento clásico y que no poca controversia
ha suscitado hasta ahora: Correo de Comercio, N° 28 del 8/9/1810; al relatar el paso de la
economía de trueque a la economía monetaria dice: “Este cambio no alteró la naturaleza del
comercio, que consiste siempre en el trueque de una mercadería sea por otra, o sea por
metales. Recíprocamente los metales no tiene un valor representativo, sino porque ellos son
recibidos en cambio en las mercaderías; ...” (33
Finalmente, tiene una expresión, aunque rudimentaria, de una teoría cuantitativa
del dinero. En el Correo de Comercio N° 27 del 1/9/1810, publicado bajo la firma de Almada,
pero que Gondra sostiene que pertenece a Belgrano (34), al referirse éste a una suba
generalizada de precios a la que quería encontrar una explicación, afirma muy claramente
que existe una relación directa entre los precios y la cantidad de dinero: La suba
9
extraordinaria de todos los precios tiene que ver con “aquella infalible máxima de que el
valor de las cosas nace de la masa del numerario que circula...”.(35)
En conclusión: Manuel Belgrano, además de prócer con lugar de privilegio en
nuestra historia, demostró ser un estudioso serio y entusiasta de las cuestiones económicas.
Se esmeró no sólo en comprender los conceptos, sino también en difundirlos. Su
personalidad polifacética incluye con toda justicia la de haber sido un auténtico economista;
fue el primero en la Argentina.
10
ANEXO – MARCO HISTÓRICO
La situación del Virreinato del Río de la Plata en su
último tramo
España, conforma a su política mercantilista, impuso desde el comienzo a sus
colonias la obligación de comerciar sólo con ella y en barcos españoles que zarparan de
sus propios puertos.
En cuanto al Río de la Plata, lo consideró siempre como la puerta de servicio del
imperio en territorio americano. Este aparentemente despropósito, puesto que Buenos
Aires constituía la entrada y salida natural de la plata boliviana del Alto Perú, tenía, sin
embargo, algunas razones. La principal quizá era que la metrópoli, en el hemisferio sur y
particularmente en el Virreinato del Perú, buscó volcar el grueso de su actividad en el
sector occidental. Ello por razones defensivas. En efecto como señala bien Larriqueta(36)
el Océano Pacífico era para los españoles equivalente al mare nostrum de los romanos.
En efecto, se llegaba a él, luego de atravesar por tierra el istmo de Panamá, para arribar
a la ciudad homónima y embarcarse luego hasta los puertos peruanos y chilenos. La otra
vía era la del Estrecho de Magallanes hasta 1625 en que La Maire descubrió el paso por
el Cabo de Hornos. La tercera variante, la más sencilla para llegar hasta Potosí era la del
Río de la Plata. Quizás justamente por eso se pretendió clausurarla.
Pero las razones económicas son muy poderosas y ellas llevaron al imperio
portugués a buscar los medios para entreabrirla por el medio que fuera. Así en 1680, en
un audaz avance instalan Colonia del Sacramento en las propias narices del gobernador
de Buenos Aires, frente mismo a la ciudad porteña cruzando el Río. Ya con anterioridad
al contrabando portugués y holandés habían frecuentado el estuario, Más adelante la
radicación de asientos de esclavos en la región (primero por Portugal, luego por Francia
y luego por Inglaterra por el tratado de Utrech), hizo que particularmente los ingleses
incrementaran su interés por el puerto. En efecto, luego de administrar el asiento de
Retiro por espacio de varias décadas (1713-1739) advirtieron las posibilidades del
hinterland rioplatense para el tráfico mercantil.
Por todas estas razones, particularmente, la de frenar las apetencias de
potencias extranjeras llevan a la erección del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y al
dictado del Reglamento de Libre Comercio en 1778. Este Estatuto, mal interpretado a
veces, simplemente rompió el monopolio portuario de Cádiz como salida del comercio
con las colonias hispánicas y permitió a diversos otros puertos españoles dicho tráfico.
Pero ello no implicó la derogación de gravámenes sumamente gravosos como
almojarifazgo, el derecho de averías y las alcabalas. Estos derechos se aplicaban tanto a
la salida de los puertos españoles como a la entrada a las colonias.
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A pesar de todo, la expansión de los negocios llevan, luego de alguna breve
depresión a multiplicar las importaciones y exportaciones y permite el desarrollo de las
actividades productivas. Llegamos así a 1794, año en el cual por cédula real se crea el
Consulado de Buenos Aires.(37)
El consulado era un Tribunal comercial que se había creado merced a la presión
de los comerciantes porteños tomando como modelo al de Sevilla tenía dos funciones: la
tradicional de carácter judicial y la de dar consejo para promover el desarrollo económico.
Sus funcionarios eran el prior y dos cónsules, nueve consejeros, un síndico, un secretario
que era de hecho el director ejecutivo, un tesorero y un contador(38) .
Cabía al Secretario, que lo fue Belgrano desde 1794 a 1810 (año en que
renunció) redactar la memoria anual. Desde allí luchó para liberalizar el comercio
rioplatense del fuerte proteccionismo español a los comerciantes de ese origen. Pero, por
otro lado, procuró el desarrollo de actividades que se explican en el trabajo pero que
conviene recordar por qué ello ocurrió de ese modo. Un caso señero es el de la
agricultura. Si bien en el interior (Cuyo, el noroeste, etc.) tenía significación en relación
con las restantes, en toda la pampa húmeda su participación relativa era totalmente
irrelevante si se atiende a las posibilidades reales. Quizás Belgrano intuía el país
cerealero y exportador que haría bajr el precio del trigo en la bolsa londinense un siglo
más tarde.
De igual modo eran muy claras sus ideas sobre la relevancia que el comercio, la
industria y la educación tenían sobre el desarrollo del país, como actividades
complementarias de la grícola.
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REFERENCIAS
(1) FERNANDEZ LOPEZ, Manuel y ORELLANA, D.R., “Manuel Belgrano y la difusión de la Fisiocracia en América
del Sur”, XIX Reunión Anual AAEP – Misiones, 1984, págs. 360/362.
(2) FERNANDEZ LOPEZ, M. y ORELLANA, D.R., op. cit., pág. 353.
(3) GROUSSAC, Paul, “Santiago de Liniers” (Bs. As., Estrada, 1952), pág. 302.
(4)
GONDRA, Luis R., “Las ideas económicas de Manuel Belgrano” (Bs. As., Imprenta de la Universidad, 1933),
2ª. ed., pág. 92.
(5) GONDRA, L uis R., op. cit., págs. 110/111.
(6) BELGRANO, Manuel, “Escritos económicos”, (Buenos Aires, Raigal, 1954), pág. 192.
(7) BELGRANO, M., op. cit., pág. 103.
(8) Ibídem, pág. 101.
(9) Ibídem, pág. 64.
(10) Ibídem, pág. 64/65.
(11) Ibídem, pág. 65.
(12) Ibídem, págs. 67/68.
(13) Ibídem, pág. 66.
(14) “Discurso sobre el fomento de la industria popular”, citado por Gondra, Luis R., op. cit., pág. 147.
(15) BELGRANO, M., op. cit., pág. 64.
(16) Ibídem, pág. 103.
(17) Ibídem, pág. 113.
(18) Ibídem, pág. 119.
(19) Ibídem, pág. 199.
(20) Ibídem, pág. 118.
(21) Ibídem, pág. 98.
(22) Ibídem, pág. 99.
(23) Ibídem, pág. 101.
(24) Ibídem, pág. 101.
(25) Ibídem, págs. 119/120.
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(26) Ibídem, pág. 199.
(27) Ibídem, pág. 114.
(28) Ibídem, pág. 116.
(29) Ibídem, pág. 117.
(30) Ibídem, pág. 196.
(31) Ibídem, pág. 197.
(32) Ibídem, pág. 197.
(33) Ibídem, pág. 197.
(34) GONDRA, L.R., op. cit., pág. 278.
(35) BELGRANO, M., op. cit., pág. 191.
(36) LARRIQUETA, Daniel E, La Argentina renegada, (Sudamericana, Buenos Aires, 1992), págs. 72/73.
(37) DALTO, Juan C., Crisis y auge en la economía argentina (Macchi, Buenos Aires 1967), págs. 75/77.
(38) WRIGHT, Ines y NEKHOM, Luisa M., Diccionario Histórico Argentino (Emece, 1990, Buenos Aires, págs.
166/167).